Un minuto de bien
En 1942, Simone Weil le escribió esta frase a un amigo que llevaba 24 años en una cama. Una bala le había quitado las piernas en la guerra. A un hombre así le sobran los consejos. Lo que escasea es alguien que se siente a escucharlo sin mirar el reloj. ¿A quién le debes hoy ese minuto?